El proyecto aborda el Día de Muertos como un dispositivo simbólico que articula vida, muerte e identidad en un contexto transnacional. En este marco, los visitantes suizos se aproximan a la festividad desde una apropiación temporal de la cultura y creencias mexicanas, buscando en una tradición ajena aquello que en su propio contexto cultural ha perdido presencia: un vínculo directo con la muerte como celebración de la vida y una vía de reconexión con sus seres fallecidos a través del recuerdo y el ritual. En paralelo, la comunidad mexicana en diáspora activa su presencia cultural como gesto de transmisión y reafirmación identitaria, compartiendo sus tradiciones con el público local.